domingo, 14 de abril de 2013

El padrino


Nació el día de los difuntos

Se caso el día de los santos inocentes

Falleció el día de Navidad

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Si me preguntan por mi abuelo y padrino, diré que parecía el gemelo del actor y bailarín Fred Astaire, es más, compartían incluso el nombre. 

 

Era el hijo menor de Carmen, una Doña con un carácter de mil diablos y de armas tomar. Su marido y padre de sus tres hijos se marcho de casa para no tener que matarla, o, acabar suicidándose por no poder soportarla.

Doña Carmen cuido de su hijo menor con una adoración patológica, por lo que este creció consentido, mimado y vago.

Jamás trabajó, el negocio de mamá le daba para vivir según le apetecía. Se levantaba pasadas las 12 del mediodía, comía a la carta, un buen par de horas de siesta y al caer la tarde, partidita de dominó con los amigos entre puros y copichuelas, que alargaba hasta horas indefinidas.

En pocas las palabras, era un gentleman de traje, corbata y hermilla, pelo engominado y puro entre los dedos, pero un perla de mucho cuidado. 

 



En su favor diré que era un hombre muy leído, le encantaba la historia y cada vez que le pedía un cuento, me contaba anécdotas de la historia de España, mitología y leyendas que me transportaban y tenía conmigo una paciencia que nunca tubo con nadie más.


De lo que nunca jamás me hablo fue de su estancia en el campo de concentración de Saint Ciprien sur mer. Borro aquellos años de su mente y de su vida.

Huyendo de España para evitar ir al frente, fue capturado y llevado al campo de concentración del sur de Francia, mientras su mujer y su único hijo se fueron a vivir al campo con la familia materna.  

En Noviembre de 1938, el gobierno francés presidido por Daladier promulgó un Decreto Ley en el que mencionaba a los extranjeros indeseables y propuso su expulsión, pero presionado por la opinión pública permitió finalmente la entrada en masa de los huidos por la frontera. 

 




Ante la avalancha, el gobierno separó a los hombres de las mujeres, y a los oficiales de la tropa, vigilados por soldados coloniales marroquíes y senegaleses.



Encerraron cerca de 550. 000 españoles que huían de la represión franquista durante la Guerra Civil Española, convirtiéndose en la mayor prisión de los republicanos antifranquistas.

Los campos fueron construidos a toda prisa, la mayoría a la intemperie, sin agua potable ni las mínimas condiciones higiénicas.

A los prisioneros apenas se les daba ni comida ni agua ni lugar donde refugiarse del frío y del viento.

Muchos murieron de desnutrición, enfermedades diversas, torturas o asesinatos.

En Mayo de 1939, Robert Capa visitó el campo de la playa de Argelés sur Mer, encerrados 80.000 republicanos españoles, y, describió el campo como un infierno sobre la arena. 

 


Ante esta situación, Franco garantizo la inmunidad para todos los huidos. Unos 250.000 dieron credibilidad a las promesas de perdón y regresaron.

Decenas de ellos lo pagaron con sus vidas, pues todos fueron interrogados y detenidos, y, algunos fueron asesinados por los pelotones de fusilamiento.

Mi abuelo consiguió salir del campo escondido en el camión que transportaba los cadáveres y cruzó los pirineos a pie junto a cuatro compañeros, de los cuales solo dos llegaron a casa. 


 







Vivió durante ocho años en el campo, en casa de su familia política, y aprendió lo que era trabajar.




No voy a valorar si fue un buen marido o un buen padre, pero fue un gran y caprichoso abuelo.

Nació el día de los difuntos

Se caso el día de los santos inocentes

Falleció el día de Navidad



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