sábado, 10 de agosto de 2013

El Cottolengo

A las muchachas no nos llamaban a filas,  pero hacíamos el  servicio social. Estoy segura que el año 1974 marcó mi destino profesional y forjo mi carácter.

Un pequeño grupo nos mandarón al hospital e hicimos un curso de “puericultura” (diploma que aún conservo), una vez finalizado,  me incorpore a la guardería de una fábrica textil dirigida por “monjas” (por aquellos años era muy común que grandes empresas dispusieran de este servicio) donde preste mis servicios sociales comunitarios.

Mi adorado padre, decidió que esta experiencia no era suficiente y que debía ver un poco más de “mundo” por lo que consiguió la autorización para seguir un año más prestando mis servicios en el Cottolengo.

Cuando el jesuita José Alegre, natural de Tarrasa, viajó a Roma y a su paso por Turín conoció la obra de José Benito Cottolengo, (Fue beatificado el 29 de abril de 1917 por Benedicto XV y fue canonizado por el Papa Pío XI el 19 de marzo de 1934), se quedó tan fascinado que pidió solicitó fundar una casa en España.





De vuelta a Barcelona contagió su entusiasmo y fueron muchos los amigos seglares que aunaron fuerzas y recursos para ver conseguido el gran sueño del jesuita. El 10 de diciembre de 1930 murió el P. Alegre con la pena de irse de este mundo sin verlo fundado. «Si nos echas una mano desde el cielo, seguimos adelante», le exhortaron sus fieles compañeros. Y así fue.
El mismo día que se cumplía el segundo aniversario de su muerte se fundaba el primer Cottolengo del Padre Alegre en Barcelona. Son más de 80 años sin interrupción ofreciendo un hogar a los más pobres, ya que durante la guerra civil logró mantenerse aunque de forma clandestina.
En 1939, se constituyó la congregación de las Hermanas Servidoras de Jesús del Cottolengo del Padre Alegre para continuar la obra cuya fundadora fue Dolores Permanyer i Volart cuya labor al servicio de Dios y los más necesitados aún permanece.



Son centros de oración, sin subvenciones y viven de lo que Dios les hace llegar.
En la actualidad son nueve las casas que tiene el Cottolengo del padre Alegre en el mundo, seis en España (Barcelona, Valencia, Madrid, Santiago de Compostela, Las Hurdes y Alicante), dos en Colombia (Buenaventura y Popayan) y una en Portugal (Lisboa).
Atienden personas con una enfermedad incurable y además pobres de solemnidad.
El impacto que me causo la visión de aquellas personas con deformidades físicas que jamás creí que existieran fue brutal, pero el recuerdo de su cariño y agradecimiento dejo una huella imborrable, marco mi destino profesional y forjo mi carácter.


2 comentarios:

  1. Las monjitas del cottolengo son unos angeles, dedican su vida a proteger y cuidar a estas personas, Dios las bendiga y les siga dando fuerzas para seguir con esta obra.... un abrazo inmenso

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  2. Las monjitas del cottolengo son unos angeles, dedican su vida a proteger y cuidar a estas personas, Dios las bendiga y les siga dando fuerzas para seguir con esta obra.... un abrazo inmenso

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